martes, 21 de abril de 2009

Orquesta de Cámara Iberoamericana de Cataluña












Como idioma universal que es, la música hermana pueblos y culturas. Lo saben bien los miembros de la orquesta de cámara iberoamericana de catalunya, que usan las partituras como instrumento de cohesión social. Y también trabajan por divulgar el repertorio latinoamericano menos conocido.

En un momento en el que la inmigración se ha convertido en uno de los fenómenos más relevantes y con más incidencia en el futuro de la sociedad española, hay quien tiene claro que la música -ese incontestable lenguaje universal que hermana pueblos y culturas- puede convertirse en una eficaz herramienta de integración social.
El pasado domingo, y dentro de las actividades que prologaron la celebración de la Festa de la Música, el Museu Nacional d'Art de Catalunya (Mnac) abrió sus puertas a una formación que, precisamente, constituye todo un ejemplo en este sentido. Se trata de la Orquesta de Cámara Iberoamericana de Cataluña (OCIC), un conjunto orquestal integrado por treinta músicos, latinoamericanos en su gran mayoría, que con escaso año y medio de existencia intenta tender puentes musicales entre uno y otro lado del Atlántico.

Surgida por iniciativa del violonchelista y director venezolano Pablo González Martínez, la OCIC forma parte de un amplio proyecto social liderado por este mismo músico y que incluye la creación de la formación coral infantil Voces por la Paz y la Integración y, también, la Asociación Músicos por la Paz y la Integración.
González, formado en Venezuela y con estudios posteriores en la Guildhall School of Music de Londres, llegó a Barcelona hace cinco años para estudiar al lado de Jordi Mora, y no tardó mucho tiempo en concebir la idea de crear una formación que diera oportunidad de desarrollarse profesionalmente a músicos latinoamericanos residentes en esta ciudad.
«Tuve esta idea al ver que Barcelona era una ciudad en la que se estaba desarrollando un fenómeno de apertura a otras culturas muy importante. Entonces pensé que sería interesante crear una orquesta que ayudara a la difusión de la música iberoamericana, en particular la de jóvenes compositores, tanto de aquí como de allá», explica el director.
Para desarrollar su proyecto, González se valió de la experiencia acumulada en su tierra natal, Venezuela, un país con una importante red de orquestas infantiles y juveniles y donde González ha dirigido diversas formaciones.

Con este bagaje, el músico, que en la actualidad es también profesor asociado del Royal College of Music de Londres, consiguió hacer realidad su proyecto, con la colaboración del Institut Català de Cooperació Iberoamericana -actual Casa América de Catalunya- y la Federació d'Associacions Americanes a Catalunya, FASAMCAT.
De esta forma, el 28 de enero de 2005, la OCIC ofreció su concierto inaugural en la aperturista iglesia del Pi. «El primer año dimos seis conciertos, incluyendo una actuación en el Auditori Enric Granados de Lleida. Y este año prevemos que serán unos cuantos más», explica, con orgullo, el director.
Integrada actualmente por músicos de diez nacionalidades diferentes -siete cubanos, cuatro argentinos, cuatro venezolanos, tres mexicanos, un salvadoreño, un uruguayo y un panameño, además de cuatro catalanes, una japonesa y un austríaco-, la orquesta basa su propuesta en el repertorio iberoamericano menos divulgado.
«Lamentablemente, la música latinoamericana que se interpreta aquí en Europa gira siempre en torno a cuatro o cinco nombres conocidos. Nosotros pretendemos mostrar la obra de esos otros músicos que aquí son menos conocidos y también la de los jóvenes autores», afirma su director.

En concreto, en su concierto del Mnac del pasado domingo, la OCIC ofreció obras de los venezolanos Juan Bautista Plaza y Aldemaro Romero; un arreglo de una pieza de Astor Piazzolla firmado por un violinista de la formación, Emiliano Guglielmo, y Flor de aire, una composición original de otro integrante de la orquesta, Mariano Camarasa.
«Yo creo que esta orquesta está haciendo una labor que es fundamental, porque para todos nosotros representa una puerta que se abre», apunta este último, un joven violonchelista y pianista argentino de 27 años que lleva cuatro residiendo en Barcelona.

Su compatriota, Emiliano Guglielmo, llegó a Cataluña hace cinco, tres de los cuales ha dedicado a completar su formación en el Conservatori del Liceu. «La música culta latinoamericana está muy poco difundida aquí en Europa, por eso creo que la orquesta puede hacer una aportación importante en este sentido», apunta el joven músico, que tiene entre sus objetivos realizar más adaptaciones de tango clásico, como las obras de Horacio Salgán.

Para Pablo González, el proyecto de la OCIC no ha hecho más que empezar. «Mi ambición es que dentro de un tiempo dejemos de ser orquesta de cámara y seamos, simplemente, orquesta», apunta el director. …

Fecha: 23 de Abril, Sant Jordi
17.00 hrs, Plaza Universidad
Bajo la dirección del venezolano Pablo González

Fuente: Ana María Dávila

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